martes, 4 de enero de 2011

LA MALDICIÓN DE LOS 11 METROS


'Es de necios seguir haciendo lo de siempre y esperar resultados distintos' recita una de las frases estrella de la auto-motivación. Quienes me conozcan, rápidamente han intuido que en mis razonamientos esa frase necesita pulirse, matizarse. No estamos solos, vivimos interrelacionados con otros individuos, el entorno, las dinámicas, etc... Quizá un método es acertado, pero no se dan las circunstancias óptimas para salir vencedor. Ante esta situación, hay varias opciones: 1.empeñarse en seguir fiel al proceso y esperar cambios en el entorno, 2. hacer un Reset y dar un giro de 180º o 3. mantener la esencia pero moldear las ideas para adaptarse y dar en la tecla del éxito. Detalles, matices que a veces representan un obstáculo insuperable.

Pues bien, en la Liga BBVA hay cosas que no cambian. Nefastos arbitrajes una vez más (no hace falta tecnología para ver ciertas cosas) con errores flagrantes, victorias de FCB y RM a medio gas, hundimiento imparable del Sporting de Gijón, fútbol alegre en El Madrigal y Ono EStadi (prometo hablar del Mallorca pronto), impago de nóminas, resurrección de Málaga y Depor, buenas sensaciones y obstáculos arbitrales para el Espanyol.

Dadas las circunstancias, un servidor cae cíclicamente en una fase de depresión con relación a la Liga Española. Por ello, y con la esperanza de buscar material más eléctrico, voy a hablar de un aspecto determinante en el fútbol: los lanzamientos de penalty.
Para cualquier aficionado que no haya practicado el balompié, resulta incomprensible que un profesional no acierte con los 7,32x2,44 metros que mide la portería, ante el simple obstáculo de un portero indefenso. Cualquiera marca un penalti en un partido con los amiguetes, pero lo realmente determinante en un penalty es el aspecto mental, más que el técnico.

Algunos aguantan hasta el último suspiro a que el portero se deje caer para elegir (Kanouté, Mendieta) , suelen tirar por el centro y fuerte (Neskeens, Apoño), buscan las esquinas (D.Castro, Lampard) o, simplemente, confían en su gran golpeo (CR, Ronaldinho,Rooney).
En un momento trascendental, todas esas posibilidades le pasan por la cabeza al lanzador, sabedor que el portero ya conoce sus gustos y preferencias.
Grandes futbolistas, expertos lanzadores, líderes naturales han fallado en momentos clave, empujando a la gloria y abrazando la amargura.


1. LA HUMANIDAD DE 'IL DIVINO'

Ver a Roberto Baggio sobre el césped suponía un alivio a la rigidez, una estrella fugaz en el cielo oscuro. 'Il Divino' desafió a los más duros catenaccios completando su carrera íntegramente en el Calcio. Un futbolista que disfrutaba entre líneas, buscando ese espacio tan suculento a las espaldas de los centrocampistas defensivos rivales. Ahí, Baggio escribía poesía, construía cúpulas imposibles, tallaba esculturas religiosas en movimiento y pintaba frescos en los techos para convertirse en un genio del cinquecento renacentista.
Conducción armónica, decisiones dañinas para el rival y golpeos de rosca infinita a las escuadras.
Tras desembolsar la Juventus una cifra récord por su traspaso, 'Roby' se salió con la 'Vecchia Signora'. Cuando llegó el Mundial94 en EEUU ya era todo un referente (Balón de Oro 93) y el encargado de comandar el ataque azzurro.
Verdugo de España (1/8), Nigeria (1/4) y Bulgaria (semis), Baggio se presentaba como la gran amenaza a la Brasil de Bebeto y Romario. Final tosca, espesa, compacta y previsible, el partido soñado por ambos técnicos. 0a0 y penalties.
Italia llegaba con desventaja. Baggio debía marcar para seguir con vida, pero su penalty se fue a las nubes.
Algunos brasileños sonríen con la fantasía de que fue Ayrton Senna quien recogió esa pelota para llevársela al cielo y quedársela.


2. BALÓN AL POSTE, FIN DE CICLO

En la prórroga de la final de la Euro2000, Trezeget se inventó una volea que aún a día de hoy me estremece. Italia se queda sin gloria y Francia se alza con el trofeo. Mundial98 y Euro00, un binomio perfecto.
6 años después se volvieron a ver las caras en la final de Alemania06.
Italia, irregular en la fase de grupos como es habitual y semifinal maravillosa frente a Alemania que decidieron la calidad de Pirlo y del Piero, la solidez de Cannavaro, el hambre de Gattusso y el acierto de Grosso.
En el otro lado, un equipo ninguneado: la Francia del 'jubilado' (no se cansa Marca de hacer el ridículo) Zidane. Sí, la misma Francia que humilló a España con un Ribery Imperial y aleccionó a Brasil desde la maestría de Zidane y el olfato de Henry.
La final nos dejó boquiabiertos desde el principio: penalty a lo 'panenka' de Zizou que dio en el larguero y ni siquiera tocó la red, un golazo. Enseguida, la réplica azzurra: testarazo de Materazzi y empate.
La cabeza de Zidane fue protagonista en la prórroga. Primero, para rematar un centro que desbarató increíblemente Buffon. Y luego, en aquella locura transitoria, esquizofrenia puntual ante Materazzi que le costó la expulsión.
Ya sin bújula francesa, a falta de pocos minutos para los previsibles penalties, Domenech hizo algo que me sorprendió: retirar a Henry (especialista desde los 11 metros) y dar entrada a Trezeget, asesino confeso de los hechos en 2000.
Todos los lanzamientos de aquella tanda acabaron en las mallas, excepto el de 'Trezegol', que el larguero, aliado esta vez de la causa italiana, repelió sin remordimientos.

3. EL LLANTO DE ÁFRICA

Ghana se presentó en Sudáfrica10 con una mezcla de futbolistas consagrados y jóvenes promesas (actuales campeones del mundial sub20). Las grandes estrellas del centro del campo africano (Essien, Appiah y Muntari), no aparecieron por motivos dispares.
Cualquier entrenador se habría puesto nervioso, pero Rajevac no es de ésos. Nutrió la zona ancha con futbolistas hambrientos y talentosos ( Prince Boateng, Annan y Ayew).
La estrella era otra, un jugador que explota en competiciones cortas para desafiar a la naturaleza humana con carreras fulgurantes. Un futbolista que empieza a disfrutar cuando todos ya están cansados, buscando las espaldas de los defensores como 'modus vivendi'. Minuto 120 de los 1/4 de final y ahí se encontraba Assamoah Gyan, solo contra el mundo, masticando el silencio. Aún furioso por la 'trampa' de Luis Suárez y con mucho peso en las espaldas. 11 metros separaban a África de la redención total, de siglos de expolio colonial, de la esclavitud, del desprecio occidental y de forjar la leyenda de Gyan: El liberador de los oprimidos. Pero el Jabulani no cedió, se alejó de la portería uruguaya, y con él todos esos sueños africanos.

Djuckic, dejando sin premio a aquel maravilloso SuperDepor.
La gigantesca figura de Oliver Khan frente a Pellegrino en la final de CL.
Los centímetros que Raúl no precisó ante Francia.
Los disturbios en Camerún por el error de Wome.
La angustia de Abramovich por el resbalón de John Terry.
Schevchenko frente a Dudek, para escribir una página dorada del Liverpool.

Grandes proyectos que se deciden por milímetros, en instantes de tensa calma donde el status, la calidad, el nivel y la historia pierden su sentido. 11 metros, los que separan el punto fatídico y la portería.

TAN IMPORTANTE ES LA CAPACIDAD DE UNO MISMO, COMO SABER ADAPTARSE AL ENTORNO. ÉSOS, QUIENES SE ADAPTAN A LAS CIRCUNSTANCIAS, SALEN EXISTOSOS.

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