lunes, 9 de febrero de 2015

LAS LÁGRIMAS DE ANDRÉ AYEW



                        El héroe de la noche escoltado por Bony y Gervinho                           

Boubacar Barry 'Copa' acaba de escribir su nombre con letras de oro en la historia del fútbol costamarfileño. Después de ser portero titular de Los Elefantes durante años, perdió su sitio bajo los palos en esta Copa de África. El seleccionador Hervé Renard tenía dudas en la parcela defensiva. Después de una fase de clasificación mediocre, encajando un 4a1 en Yaoundé ante Camerún y perdiendo en casa 3a4 ante RD Congo, la perita en dulce que suponía Sierra Leona y el biscotto que firmó con la propia Camerún en el último partido, permitieron a Costa de Marfil afrontar por enésima vez el objetivo de repetir el título de 1992. El seleccionador puso al jovencísimo Eric Bailly al lado del sempiterno Kolo Touré y sentó a Barry 'Copa' en el banquillo.

El fútbol africano se teje a base de grandes hazañas y de miserables derrotas. De héroes inesperados y de villanos estigmatizados de por vida. Los tonos intermedios, los grises que suelen encontrar el punto exacto del equilibrio, no forjan epopeyas de grandes gladiadores en el balompié del continente negro. Pues bien, Barry Boubacar 'Copa' tuvo que esperar a ser relegado como suplente para saborear las mieles del éxito. Debutaba ayer en la Copa de África por la lesión de Gbouho. El debut de un veterano de guerra siempre en entredicho. Una carrera que se dirigía a la deriva recibiendo una última oportunidad para redimirse. El prólogo de algo histórico. Los cimientos de la leyenda de un héroe. En la primera parte, los postes se aliaron con Barry Copa. Primero, en un misil que salió de la pierna izquierda de Atsu (MVP del torneo) que se estrelló en el poste izquierdo. Después André Ayew, el mayor de los hijos de Abedi Pelé, icono del fútbol ghanés, en un disparo escorado que también besó el poste. Costa de Marfil hizo lo de siempre: dormir la final y bajar las pulsaciones hasta niveles subterráneos. Cuatro finales han jugado Los Elefantes y las cuatro han terminado con empate a 0. Un poquito de Gervinho por aquí, algo de Touré Yaya por allá, gotitas de Bony, templanza absoluta de Bailly atrás y locuras transitorias de Serey Die en la zona ancha.

En la prórroga se firmó un armisticio. Ambos equipos asumieron que ir a los lanzamientos de penalti era lo más lógico, el transcurso natural de los acontecimientos. Dejar el destino en manos de la épica africana. Muestra de ello fueron los cambios de Gervinho (erró un penalti en la fatídica tanda de la final de 2012 ante Zambia)  por un lado y de Asamoah Gyan (falló en 1/4 del Mundial 2010 ante Uruguay en la prórroga y en las semifinales de 2012 frente a Zambia) por otro. Y es que Gyan y Gervinho son dos piezas capitales para sus equipos, pero la épica no va con ellos.
Se llegó anoche al penalti número 20 con empate. Era el turno de los porteros. Lanzó el ghanés Razak y Copa empezó a construir su leyenda parando el lanzamiento. Luego se desplomó, exhausto, como saboreando ya un éxito futuro que él asumía ya como irremediable. Golpeó Copa, ante la mirada de todo un país, salvo Gervinho que se escondió detrás del banquillo para que su mal fario en los penalties no contaminara a los suyos, a la mismísima escuadra para derrotar otra vez  a Ghana desde los once metros. Para dar el segundo título de su historia a Costa de Marfil.  Para repetir la historia de 1992.
Hervé Renard lo volvió a hacer. Regresó al Golfo de Guinea tres años después para convertirse en el único seleccionador en ganar dos Copas de África con dos selecciones distintas.



                                      Hervé Renard intenta consolar a André Ayew sin éxito.

Lejos de desatar la euforia, el seleccionador de Costa de Marfil oteó el horizonte y vio a André Ayew desplomarse sobre el césped del majestuoso Estadio de Bata. Intentó consolarle, pero era imposible. Dedé estaba roto. Era pasto de la desesperación y la impotencia. Nadie fue capaz de paliar ni un ápice la tristeza del virtuoso centrocampista ghanés. Sin KP Boateng, Essien ni Muntari en el equipo, Ayew asumió la responsabilidad. Era su oportunidad de dejar de ser el hijo de Abedi 'Pelé' Ayew y convertirse en André, el hombre que guió a Ghana hasta el título treinta y tres años después. Un último título que Ghana se llevó con Abedi Pelé, el padre de la criatura, como máxima estrella. El 10 de Ghana quería repetir. Quería ganar la Copa de África guiando a las Estrellas Negras como lo hizo su padre. No fue posible. Y ese sentimiento de haber fallado se clavó en Ayew como un dardo envenenado. Esa sensación de no haber cumplido con la llamada de tu propia sangre es una responsabilidad demasiado elevada como para que la cargue en sus espaldas un ser humano. Dedé Ayew, quien se había autoimpuesto el papel de 'heredero', estaba deshecho.

Costa de Marfil llevaba años intentándolo. Estando muy cerca. Dos finales recientes perdidas por penalties eran demasiado castigo para esta gran generación, ahora ya sin Drogba. La insistencia tuvo premio.  Esto es fútbol africano. Historias de grandes hazañas y de lágrimas derramadas sin consuelo.

Enhorabuena a los campeones.

LAS TAREAS, POR MUY FATIGOSAS QUE PAREZCAN A LOS DEMÁS ANIMALES, NUNCA LE RESULTAN DEMASIADO PESADAS PARA UN ELEFANTE.

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