lunes, 28 de noviembre de 2011

'LA LLAMADA DE ÁFRICA'





Después de casi 5años ausente, el día de Todos los Santos, mi nombre volvió a aparecer en una convocatoria para defender la camiseta de Guinea Ecuatorial. El país de mi padre, las raíces de mi YO, el famoso '¿de dónde vengo?'. Sorpresa e ilusión abrieron las puertas de una responsabilidad ya sumergida en el olvido. Volví a escuchar la Llamada de África.
Para adueñarse de una de las 5 plazas africanas para el Mundial de Brasil 2014, el camino es tortuoso. Es necesario pasar una eliminatoria previa, una fase de grupos intermedia y otra ronda definitiva. Madagascar fue el adversario a batir para subir el primero de los escalones. El mismo que no alcanzamos en 2004 frente a la Togo de Adebayor en Lomé.

Cuando uno viaja a África, más allá de vacunas y consejos médicos, es esencial construir un escudo de paciencia. Ningún trámite resulta sencillo en el Continente Negro. Ninguno. Después de solucionar el tema del visado, Ekedo, Epitié, Juvenal, Randy, Sipo, Rui y un servidor (Anselmo viajó directamente desde Omán) embarcamos con destino Malabo. Curioso traslado: dejar atrás las actuales rutinas en España con el objetivo de devolverle a tus antepasados parte de lo que ellos nos han dejado en herencia a nuestro modo: dando patadas al balón.

A medio camino entre los campos de entrenamiento y el hotel de concentración transitaron los primeros días en Guinea. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que los trámites, sí sí aquellos trámites, se eternizaron. La documentación necesaria para participar del primer partido se validó minutos antes del inicio del encuentro, demasiado tarde. Desde la grada, junto a Julio Maldonado y el también damnificado Epitié, presenciamos los goles de Juvenal y Randy para clavar el 2a0 en el luminoso. Eliminatoria muy favorable, que debía resolverse en Madagascar 4 días después.

El caos, siempre latente en el continente africano, irrumpió con fuerza. El viaje que debía sellar la clasificación a la siguiente fase se convirtió en una aventura ideada por Homero, una Odisea.
36 horas transcurrieron desde la salida del Hotel de Malabo hasta el aterrizaje en el aeropuerto internacional de Antananarivo. Con la amenaza de descalificación por parte de la FIFA, el conductor del microbús, mostrando su pericia para sortear obstáculos en forma de coches averiados y ganado sin rumbo, emprendió el camino en dirección al estadio. Lo normal era desplomarse por el cansancio, pero no fue así. Canciones autóctonas empezaron a resonar con fuerza dentro del vehículo. Un ritual de motivación muy extendido en África antes de los partidos importantes. Entonces comprobé que, en situaciones de máxima responsabilidad, el cansancio es un estado mental.

-5minutos para salir! vociferaba el comisario de la FIFA con cara de pocos amigos. El tiempo justo para digerir la titularidad, buscar una manera digna de cambiarme en aquel húmedo y angosto vestuario y, sin calentamiento previo, saltar al maltrecho césped para escuchar los himnos oficiales. Tras unos minutos de asedio 'malgache', el equipo se asentó en el campo y, en una jugada rápida, anotamos el 0a1. Sentí como un enorme peso desaparecía, porque ellos necesitaban meter 4 para echarnos del camino.
Consiguieron marcarnos 2, ya muy al final, sin opciones reales de dar la vuelta a la eliminatoria.

Cuando llegamos al vestuario, nos miramos los unos a los otros y, tras las incipientes ojeras y caras de agotamiento, brillaba la mirada de la satisfacción por el trabajo bien hecho. Pese a las adversidades, el grupo se mantuvo unido y eso solo tiene un posible final: el éxito.

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