jueves, 1 de septiembre de 2011

LA BALANZA DEL TALENTO




El pasado fin de semana pasó un ciclón por White Hart Lane. Una avalancha rojinegra de fútbol que arrasó con todo lo que encontró a su paso.
Manchester City (que lucía nueva equipación suplente) lleva varias temporadas monopolizando el mercado de fichajes en Europa. A pesar de los millones de libras invertidos, Mancini no había sido capaz de formar una estructura futbolística sólida.
Un equipo Skyblue que funcionaba por impulsos, a base de golpes de talento esporádico, chispazos de genialidad y conversación con las musas de la inspiración balompédica. Temeroso ante la presión del rival, el preparador italiano tendía a dar un paso atrás y ceder terreno en busca de algún contraataque salvador… Sin embargo, el transalpino parece haber dado en la tecla mágica: el fútbol de asociación en ¾ de campo, los aledaños del área, la cocina del Gol.

Agüero, Silva y Nasri: ése es el trío de futbolistas que flotan por detrás de Dzeko (Balotelli y Tévez en el banquillo). Todos ellos tienen ese instinto natural de levantar la cabeza y buscar algún compañero con el que asociarse, en búsqueda de la fluidez ofensiva. El control orientado que te abre la puerta de la jugada y el cambio de ritmo con el balón cosido al pie, alardeando de potencia en el tren inferior.

Pues bien, en el Tottenham-ManCity de la pasada jornada todo esto se vio reflejado en el terreno de juego. Laterales ofensivos (Clichy y Zabaleta/Richards), un centrocampista de toque y apoyo (Barry), los 3 mediapuntas ya mencionados y un delantero en estado de gracia (Dzeko) que abrió su abanico de movimientos en diagonal para castigar a un desbordado Kaboul.

Todo ese arsenal ofensivo necesita un ancla para no naufragar en mar abierto, una balanza que distribuya los pesos y dé equilibrio a tanto talento.
Yayá Touré pasó el verano pasado a ser el futbolista mejor pagado del planeta. No es casualidad, ya que nadie es capaz de hacer tantas cosas bien en un terreno de juego como el pequeño de los Touré: iniciar la jugada, participar en la posesión y en las transiciones rápidas, desbordar a un rival, imponerse en el juego aéreo, pisar el área con frecuencia, golpear desde lejos…

La llegada del Kun y Nasri este verano ha retrasado la ubicación del marfileño unos metros. Para hacer daño, es básico recuperar la posesión del balón en campo rival, y ahí Yaya se muestra implacable. Se acomoda siempre en el perfil ofensivo del equipo para dar apoyo en una transición hacia la otra banda o para, en caso de pérdida, atacar el tejido creativo rival. De ese modo, el equipo contrario difícilmente enlazará esos anhelados 3 pases de seguridad seguidos después de robar: los que dan forma a la figura táctica en el ataque y permiten coger aire.

Desde la sorpresa es más dañino el africano, en esa importancia del ‘llegar’ por encima del ‘estar’. Sus apariciones desde segunda línea crean superioridad en los ataques del ManCity y desequilibra el sistema defensivo rival.
Ése es el nuevo papel del Elefante (así llaman a los internacionales de Costa de Marfil) en un Manchester City que, ahora sí, parece ir en serio.

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